Tmp: /single.php | ID: 9682

Nutrición enteral en el paciente pediátrico: indicaciones, vías de acceso y selección de material clínico

Nutrición enteral pediátrica: vías de acceso y material

Cuándo está indicada la nutrición enteral en pediatría: criterios clínicos y patologías más frecuentes

La indicación básica de nutrición enteral en pediatría se establece cuando la ingesta oral espontánea no cubre los requerimientos energético-proteicos del paciente. A diferencia del adulto, el niño está en proceso continuo de crecimiento, con menor tolerancia al ayuno, lo que condiciona una instauración más precoz del soporte. Las situaciones más frecuentes son:

  • Dificultad para la ingesta o deglución: prematuridad, enfermedades neuromusculares, encefalopatías con retraso psicomotor, anomalías orofaciales o disfagia cricofaríngea.

  • Alteraciones digestivas: síndrome de intestino corto, enfermedad inflamatoria intestinal, pseudoobstrucción intestinal crónica, pancreatitis aguda o colestasis crónica.

  • Enfermedades extradigestivas con requerimientos aumentados: cardiopatías congénitas, enfermedad renal crónica, fibrosis quística o displasia broncopulmonar.

  • Estados hipercatabólicos: paciente crítico, sepsis, grandes quemados o trasplante de progenitores hematopoyéticos.

La nutrición enteral en recién nacidos y en prematuros presenta particularidades propias: por debajo de las 34 semanas de gestación el reflejo de succión es inmaduro, lo que obliga al sondaje hasta su desarrollo, con requerimientos de nutrición trófica desde las primeras horas de vida.

nutrición enteral en pediatría

Vías de acceso para la nutrición enteral pediátrica: sondas nasoentéricas, nasogástricas y ostomías según duración y patología

La vía de acceso se decide según el tiempo previsto de tratamiento, la anatomía digestiva y el riesgo de aspiración. Estas son las vías más habituales en la práctica pediátrica, con las 8-12 semanas como umbral orientativo entre soporte de corta y larga duración: por debajo de ese plazo se opta por sondas nasogástricas o nasoentéricas; superado el plazo, por una ostomía, siendo la gastrostomía la más utilizada en niños. Siempre que el paciente conserve cierta capacidad de ingesta, la vía oral se mantiene además como complemento, dentro del propio concepto de nutrición enteral.

  • Sonda gástrica (nasogástrica u orogástrica): de elección si el vaciamiento gástrico es adecuado. La sonda nasogástrica suele ser mejor tolerada y presenta menor riesgo de extracción, mientras que la orogástrica se reserva sobre todo a neonatos, para reducir lesiones nasales, y a niños con atresia de coanas.

  • Sonda nasoentérica: indicada ante riesgo de aspiración broncopulmonar, íleo gástrico, reflujo gastroesofágico, fístulas esofágicas o gástricas, o pancreatitis aguda. Se sitúa preferiblemente a nivel del ángulo de Treitz, ya que la localización duodenal favorece el desplazamiento de la sonda hacia el estómago.

  • Gastrostomía: indicada para soporte superior a 8-12 semanas, siempre que el estómago mantenga un vaciamiento adecuado y no existan fístulas gastrointestinales altas. La vía percutánea (endoscópica (PEG) o radiológica) es hoy la técnica de elección, dejando la quirúrgica para niños con cirugía abdominal previa o simultánea. El uso de un dispositivo de gastrostomía de bajo perfil (botón gástrico) mejora sustancialmente la autonomía del paciente pediátrico una vez consolidado el estoma.

Vías de acceso para la nutrición enteral pediátrica

Complicaciones de la nutrición enteral en el paciente pediátrico y estrategias de prevención

Aunque el perfil de seguridad de la nutrición enteral por sonda es en general elevado, las complicaciones menores son frecuentes y, en su mayoría, prevenibles con un manejo protocolizado del material y la fórmula.

  • Obstrucción de la sonda, asociada a lavado insuficiente, fármacos triturados o fórmulas de elevada viscosidad.

  • Malposición y desplazamiento, con riesgo de aspiración si el extremo distal migra al esófago o al árbol respiratorio.

  • Lesiones por decúbito y erosiones nasales, menos frecuentes con materiales blandos (poliuretano, silicona) que con PVC.

  • Complicaciones propias de la gastrostomía: infección periestomal, neumoperitoneo, granuloma o buried bumper syndrome.

  • Administración errónea por vía intravenosa: un riesgo crítico e infracomunicado, pero potencialmente mortal. La norma UNE-EN 1615 ya exigía conectores específicos de nutrición enteral no compatibles con sistemas intravenosos, principio que la norma ISO 80369-3 consolidó a nivel internacional al definir el diseño ENFit como estándar de conexión enteral.

  • Interferencia en el desarrollo oral, especialmente durante el primer año de vida: la sonda puede dificultar la masticación y deglución, generar rechazo posterior a la alimentación oral y afectar a la maduración del lenguaje.

La comprobación sistemática de la posición de la sonda, el uso de una bomba de nutrición enteral para controlar el ritmo de infusión, especialmente en pautas de nutrición enteral continua en pacientes con riesgo de aspiración, y los conectores no compatibles con vías parenterales son las medidas con mayor respaldo para reducir estas complicaciones. En niños mayores, la propia visibilidad de la sonda puede tener un impacto psicosocial relevante, por lo que mantener la estimulación de la ingesta oral forma parte del manejo integral.

Nutrición enteral pediátrica: vías de acceso y material

Selección de material para la nutrición enteral pediátrica: sondas de larga duración y gastrostomía de bajo perfil

El material condiciona directamente la seguridad y la duración del acceso. Las sondas de poliuretano y silicona ofrecen mayor biocompatibilidad y flexibilidad que el PVC, que se endurece con el uso y obliga a recambios cada 3-4 días. Además, las sondas radiopacas permiten su colocación mediante rayos X, y la disponibilidad de doble luz permite administrar la nutrición y aspirar contenido gástrico de forma simultánea. Una sonda nasogástrica de larga duración con estas condiciones puede mantenerse hasta 90 días sin necesidad de sustitución.

En gastrostomía, una vez consolidado el trayecto fistuloso (generalmente entre 2 y 3 meses), la sustitución por un dispositivo de gastrostomía de bajo perfil para niños (botón) mejora la comodidad y la autonomía del paciente y reduce el riesgo de tracción accidental frente a la sonda inicial.

La selección de la sonda de nutrición enteral pediátrica debe considerar, además:

  • Calibre y longitud adaptados a la edad del paciente y a la vía de administración.

  • Tipo de conector, priorizando sistemas incompatibles con conexiones intravenosas, como ENFit.

  • Marcado CE y fabricación conforme al Reglamento (UE) 2017/745.

  • Compatibilidad con bomba de nutrición enteral, especialmente en pautas continuas o cíclicas nocturnas y en nutrición enteral continua de pacientes con absorción reducida.

Disponer de una guía actualizada, en línea con los consensos de SEGHNP y ESPGHAN sobre nutrición enteral y parenteral pediátrica, facilita homogeneizar estos criterios entre los distintos profesionales del equipo multidisciplinar.

Referencias

Fecha de publicación: 30/07/2026
Categoría(s): Medical
Noticias relacionadas
Newsletter

Mantente al día sobre las
novedades de Bexen